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OPINION

La pregunta por Santiago Maldonado



Fecha: 12/09/2017   19:41

¿Qué nos pasa como sociedad cuando estamos frente a un hecho tan grave como lo es la desaparición forzada de una persona?




Desde el 1 de agosto que falta Santiago Maldonado. Ríos de tinta y narrativas para todos los gustos han ocupado el tema desde distintos puntos de vista o de análisis, con mayor o menos nivel de rigurosidad.

 

Se habla del curso de la investigación, de la actuación de las autoridades que están involucradas en el hecho, del Gobierno Nacional, de la Justicia, del rol de los medios.

 

De todo lo que se dice, hay algunas cosas que son rápidamente descartadas y otras que no, pero lo cierto, lo único indiscutible es que desde el 1 de agosto falta una persona, esto es, que desde hace más de 40 días su familia no sabe que ocurrió con él, si está o no con vida. Versiones emergen y desaparecen, lo verosímil y lo inverosímil se mezclan en una especie de Babel descontrolada, hipótesis, teorías se tejen y destejen… pero no hay respuesta para la pregunta que resuena en todo el país y se hace eco en distintas partes del mundo: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

 

Santiago Maldonado, según la carátula de la causa -y es de público conocimiento-ha sido víctima de una desaparición forzada, con el agravante de que se trata de una desaparición forzada en democracia.

 

Posturas políticas a un lado, resulta inexplicable que como sociedad no estemos todos haciendo la pregunta por Santiago Maldonado.

 

Resulta inexplicable porque –lamentablemente- no nos es desconocida la gravedad que tiene una situación como ésta, pues más allá de nombres y detalles, sabemos lo que significa.

 

Resulta inexplicable porque no desconocemos que el silencio es el más peligroso de los cómplices de este tipo de atrocidad.

 

Sin embargo, aquí estamos, debatiéndonos en pequeñeces, en discusiones estériles, en interpelaciones que no conducen a nada, en “modos de ver el asunto”. Pero… no hay “modos de ver el asunto” y esto es lo más preocupante de todo.

 

Ya deberíamos saber que esto no tiene distintos modos de verse, acá no hay “miradas”, acá falta una persona, por desaparición forzada, y sin importarnos absolutamente nada más que eso, deberíamos estar día tras día haciendo la pregunta.

 

Preguntar por Santiago Maldonado no te da pertenencia a un partido político, no te asocia a un reclamo de una agrupación, no te transforma en juez, no te hace investigador, ni te pone a favor o en contra de alguien.

 

Como ciudadano de un país que eligió la democracia como forma de vida, como ciudadano de un país que fue castigado hasta el horror mismo por el Terrorismo de Estado, como ciudadano que tiene compatriotas que fueron desaparecidos, torturados y asesinados, como eso y no como otra cosa, es decir, como ciudadanos es que preguntamos por Santiago Maldonado y es nuestra ineludible obligación hacerlo.

 

A estas alturas creería que ya no era necesario decirlo, pero preguntar por Santiago Maldonado es preguntar por un hijo, por un hermano, por un amigo, por un conocido, por uno de nosotros.

 

Santiago Maldonado podía tener cabello largo o corto, llevar mochila o bolso, tocar la guitarra o el piano, hacer artesanías o escribir cuentos, podía ser defensor de las causas que consideraba justas, o podía no serlo, y aquí debíamos estar todos y cada uno de los argentinos preguntando por él.

 

Y estamos fallando en eso. No estamos entendiendo eso. Estamos discutiendo, estamos mirando para otro lado. Otra vez los argentinos estamos encontrando la manera, un poquitito más sofisticada que en el pasado, de mirar para otro lado.

 

Quisiera pensar que es porque nos duele y porque nos da miedo. No es que se gratificante eso, pero mucho peor sería caer en la cuenta de que no preguntamos por Santiago Maldonado porque no hemos aprendido nada, porque somos indiferentes a lo que nos toca de cerca, y porque somos tan hipócritas como para solidarizarnos con las víctimas de cualquier injusticia, siempre y cuando ésta tenga lugar bien lejos de la Argentina. Porque en Argentina se ponen en juego otras cosas, y entonces se nos acaba la solidaridad, o se nos hace selectiva, y empezamos a asociarnos a versiones que nos acercan peligrosamente al “algo habrá hecho”.

 

Recapitulando: desde el 1 de agosto falta Santiago Maldonado. Ríos de tinta y narrativas para todos los gustos han ocupado el tema desde distintos puntos de vista o de análisis, con mayor o menos nivel de rigurosidad. Según la carátula de la causa -y es de público conocimiento- Santiago ha sido víctima de una desaparición forzada, con el agravante de que se trata de una desaparición forzada en democracia. Comunicadores, autoridades, opinadores pueden decir lo que quieran,lo que sus conciencias les permitan decir, pero para nosotros, la sociedad en su conjunto, la ciudadanía, la pregunta es una sola y es ineludible, una vez y las veces que haga falta: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

 

Porque Santiago podría ser vos, y todos podríamos ser él. Y nuestra obligación como argentinos es pedir por su aparición con vida y castigo a los culpables de este golpe artero a la democracia que no puede volver a repetirse. 

 

M.G.Aguar –Docente-



Fuente:  12 de septiembre de 2017 (MG Aguar para Agencia DERF)








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